
“Sin el FMI no se puede, pero con el acuerdo no alcanza”, la mirada de los empresarios sobre la negociación

El avance de las tratativas con el Fondo Monetario para alcanzar un nuevo acuerdo está, previsiblemente, en el centro de la atención de la gestión económica. Empresarios, banqueros, inversores y analistas, todos siguen con preocupación las instancias de una negociación que se volvió urgente para evitar turbulencias mayúsculas. Esos temores quedaron claramente expuestos ayer en el almuerzo que el jefe de Gabinete, Juan Manzur, compartió con los hombres y mujeres de negocios reunidos en el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp).
Sin embargo, alcanzar ese entendimiento con el organismo a tiempo -creen- no allanaría completamente el camino para estabilizar la economía. En otras palabras, es condición necesaria pero no excluyente.
“El acuerdo con el FMI es imprescindible, de eso no hay dudas. Va a evitar enormes problemas pero, per se, no los va a solucionar todos”, aseguró un empresario cuyo negocio es “dólar-dependiente”, lo que le hace mirar todos los días el nivel de reservas del Banco Central y tratar de adivinar la evolución que tendrá el tipo de cambio en los próximos meses.
“El acuerdo con el FMI es imprescindible, de eso no hay dudas. Va a evitar enormes problemas pero, per se, no los va a solucionar todos”
El escepticismo de los empresarios respecto a los beneficios que podría aportar el entendimiento alcanza incluso uno de los principales puntos que tanto los técnicos del Fondo Monetario como el ministro de Economía, Martín Guzmán, apunta a resolver: la brecha cambiaria.
“¿El acuerdo con el Fondo va a hacer bajar la brecha? Lo dudo, porque más allá de que se ordenen un poco las cuentas, no está claro que vayan a entrar dólares como para ir eliminando las restricciones”, pronosticó otro hombre de la industria, quien aseguró no haber tenido mayores dificultades en la importación de insumos pero sí en productos terminados que complementan su oferta de productos.
El acuerdo con el FMI, a su entender, tampoco mejorará el acceso al crédito ni, mucho menos, atraerá inversiones. Esa visión es compartida por el mercado financiero, tanto doméstico como internacional, en el que los activos argentinos no encuentran piso y el riesgo país rompe el techo de los 1.800 puntos básicos.

La paradoja es que, al mismo tiempo que los acreedores e inversores esperan nerviosos que se cierre lo antes posible un nuevo programa con el FMI que delimite el marco en que se desempeñará la economía al menos el próximo año, no depositan mayores expectativas en ese mismo plan. Incluso los hombres del mercado de diálogo más fluido con el Gobierno son taxativos al respecto.
“El acuerdo con el Fondo no va a cambiar la expectativa del mercado, nadie va a ir pensando que eso va a cambiar las cosas. Vamos a ir cuando las cosas se hayan hecho”, aseguró un representante de un fondo de inversión que palpa a diario el desinterés o el fastidio en Wall Street con la Argentina. “Es que prometió cien veces y nunca cumplió”, justificó.
En el encuentro en el Hotel Alvear, Manzur prometió ayer a los representantes de las cámaras empresarias más poderosas del país y a altos ejecutivos de grandes multinacionales que el Gobierno “buscará por todos los medios” firmar el acuerdo que los desvela. Pero no es lo único.
“Más allá de que se ordenen un poco las cuentas, no está claro que vayan a entrar dólares como para ir eliminando las restricciones”
Despejado el fantasma de un default con el organismo -y también con el Club de París- que sumiría a la Argentina en el aislamiento total y el descontrol de todas las variables, a los empresarios les preocupa también la política.
Evalúan positivamente que, tras la derrota electoral, se acallaran los discursos más radicalizados y que el ala más moderada del Gobierno pareciera ganar algo de espacio. Es la lectura que hacen, por ejemplo, de la desautorización reciente del ministro de la Producción, Matías Kulfas, al hasta hace 15 días todopoderoso secretario de Comercio, Roberto Feletti.
Sin embargo, se mantienen inquietos. La foto de la marcha organizada por la CGT el miércoles de la semana pasada es, en el mundo de las empresas, una clara señal.
“En esta nueva etapa, el mensaje que recibimos es que el Presidente se va a recostar para gobernar en el peronismo más tradicional, en los sindicatos. Es mejor la CGT que La Cámpora pero vamos a seguir siendo el pato de la boda”, opinó en estricto off the record un dueños de uno de los grandes grupos alimenticios del país.
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